Mi hijo quiere llevarse la espada al colé. Dice que es la única forma de poder luchar con el monstruo de seis cabezas. Me da miedo, tengo miedo que haga daño a alguien, y también me da algo de reparo que piense que soy el típico padre que regala armas a sus hijos. Al final he intentado cambiar de conversación con un requiebro dialéctico de los míos y le he preguntado:
- ¿Acaso has sacado tres seises con el dado de veintidós caras?
- Pues claro.- ha sentenciado el.
Solo espero que el monstruo de seis cabezas que el quiere destrozar no se llame ni Pau, ni Héctor ni Alfonso.